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Libro Economía Verde De Maria Gabriel Ensinck

$1.500,00

  • 170
  • 150
  • Rústica
  • 2020
  • Castellano
  • 9789878347257

La irrupción del coronavirus, con sus cientos de miles de muertes y una caída sin precedentes de la actividad y el comercio global, puso en jaque al paradigma económico dominante, basado en la explotación de los recursos naturales y las personas, y la acumulacióń de ganancias siderales en manos de unos pocos. Pero la salida a esta nueva recesión no debe lograrse a costa de aumentar la contaminación y las emisiones de gases de invernadero: o se correrá el riesgo de caer en una crisis climática y ecosistémica mucho más compleja que la provocada por un virus.

Para evitar el colapso, es preciso cambiar las formas de producción y consumo hacia modelos más sustentables, que satisfagan las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras. Esta transformación de los modelos productivos y de negocios, lejos de implicar un freno al crecimiento económico y el bienestar, presenta una oportunidad para el desarrollo con equidad y la generación de nuevos empleos verdes en América latina, la región más rica y diversa en recursos naturales y humanos, pero también la más desigual.

Las tecnologías para lograrlo ya están disponibles. Las energías renovables, por caso, son más costo-eficientes que las de origen fósil y además impulsan el crecimiento del empleo y las inversiones en la región. Nuevos biomateriales, que utilizan insumos naturales y reciclables, reemplazan a materiales convencionales (como el plástico) que resultan contaminantes.

La revolución digital y las plataformas como Uber, Airbnb, los portales de comercio electrónico, las criptomonedas, las redes sociales y soluciones innovadoras como los “bancos de horas”, están empoderando a los ciudadanos y los convierten en pro-sumidores. A su vez, las interacciones entre nanotecnología, inteligencia artificial, robótica y otras innovaciones están produciendo nuevos materiales inteligentes, sistemas de energía y remediación de la contaminación ambiental.

La transformación del actual modelo lineal de extracción de recursos naturales, producción, consumo y descarte hacia un modelo de Economía Circular donde los materiales se reaprovechan y vuelven a insertarse en el sistema productivo, tiene efectos positivos en la economía, el ambiente y la inclusión social. Además, ayudaría a América Latina a dejar de depender de las industrias extractivas y las prácticas agrícolas que impulsan la deforestación, y en su lugar, crear valor reaprovechando materiales que hoy se descartan.

Y no se trata de acciones marketineras para mejorar la imagen de empresas y gobiernos ante ciudadanos y consumidores preocupados por el deterioro ambiental. Los mercados internacionales están imponiendo regulaciones ambientales y mecanismos de compensación para evitar que las empresas importen bienes o trasladen su producción hacia países con normativas ambientales laxas. El fenómeno se conoce como “fuga de carbono” (carbon leakage) y más del 50% de las exportaciones latinoamericanas son sensibles a la aplicación de estos mecanismos compensatorios.

Hoy, desarrollo económico, cuidado ambiental y bienestar social pueden y deben ir de la mano. Es preciso cambiar los modelos de producción y de negocios, y no queda mucho tiempo para hacerlo. Para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los famosos ODS que las Naciones Unidas se planteó para 2030, gobiernos, sociedades y empresas deben reinventarse. Es hora de revisar los viejos paradigmas y dar lugar a un modelo económico más humano y sostenible.

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Descripción

La irrupción del coronavirus, con sus cientos de miles de muertes y una caída sin precedentes de la actividad y el comercio global, puso en jaque al paradigma económico dominante, basado en la explotación de los recursos naturales y las personas, y la acumulacióń de ganancias siderales en manos de unos pocos. Pero la salida a esta nueva recesión no debe lograrse a costa de aumentar la contaminación y las emisiones de gases de invernadero: o se correrá el riesgo de caer en una crisis climática y ecosistémica mucho más compleja que la provocada por un virus.

Para evitar el colapso, es preciso cambiar las formas de producción y consumo hacia modelos más sustentables, que satisfagan las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras. Esta transformación de los modelos productivos y de negocios, lejos de implicar un freno al crecimiento económico y el bienestar, presenta una oportunidad para el desarrollo con equidad y la generación de nuevos empleos verdes en América latina, la región más rica y diversa en recursos naturales y humanos, pero también la más desigual.

Las tecnologías para lograrlo ya están disponibles. Las energías renovables, por caso, son más costo-eficientes que las de origen fósil y además impulsan el crecimiento del empleo y las inversiones en la región. Nuevos biomateriales, que utilizan insumos naturales y reciclables, reemplazan a materiales convencionales (como el plástico) que resultan contaminantes.

La revolución digital y las plataformas como Uber, Airbnb, los portales de comercio electrónico, las criptomonedas, las redes sociales y soluciones innovadoras como los “bancos de horas”, están empoderando a los ciudadanos y los convierten en pro-sumidores. A su vez, las interacciones entre nanotecnología, inteligencia artificial, robótica y otras innovaciones están produciendo nuevos materiales inteligentes, sistemas de energía y remediación de la contaminación ambiental.

La transformación del actual modelo lineal de extracción de recursos naturales, producción, consumo y descarte hacia un modelo de Economía Circular donde los materiales se reaprovechan y vuelven a insertarse en el sistema productivo, tiene efectos positivos en la economía, el ambiente y la inclusión social. Además, ayudaría a América Latina a dejar de depender de las industrias extractivas y las prácticas agrícolas que impulsan la deforestación, y en su lugar, crear valor reaprovechando materiales que hoy se descartan.

Y no se trata de acciones marketineras para mejorar la imagen de empresas y gobiernos ante ciudadanos y consumidores preocupados por el deterioro ambiental. Los mercados internacionales están imponiendo regulaciones ambientales y mecanismos de compensación para evitar que las empresas importen bienes o trasladen su producción hacia países con normativas ambientales laxas. El fenómeno se conoce como “fuga de carbono” (carbon leakage) y más del 50% de las exportaciones latinoamericanas son sensibles a la aplicación de estos mecanismos compensatorios.

Hoy, desarrollo económico, cuidado ambiental y bienestar social pueden y deben ir de la mano. Es preciso cambiar los modelos de producción y de negocios, y no queda mucho tiempo para hacerlo. Para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los famosos ODS que las Naciones Unidas se planteó para 2030, gobiernos, sociedades y empresas deben reinventarse. Es hora de revisar los viejos paradigmas y dar lugar a un modelo económico más humano y sostenible.

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